Jùlia se plantó en nuestro
campo improvisado, y pidió el balón. Marc se lo pasó. Ella me regateó y marcó.
HABÍA MARCADO EN NUESTRA PORTERÍA.
-Guapa, acabas de marcar en
propia. -Gorka añadió un guiño con una sonrisa-.
-TE CREES QUE VOY DE VUESTRO EQUIPO?
JÁ. YO VOY CON LOS PEQUES QUE JUEGAN MEJOR QUE VOSOTROS. -Ella nos lanzó un
beso y uno de los niños le chocó la mano.
El público empezó a aplaudir
y las madres irradiaban felicidad. Jùlia estaba ayudando a aquellos críos a
machacarnos. Eran casi las seis y media cuando dejamos de jugar, las madres
querían que los niños fuesen a merendar y luego a hacer los deberes. Sudábamos
como cerdos y estábamos muertos de sed. Nos sentamos en una terraza cercana y
agradecimos el aire de octubre.
No sé muy bien cuanto
estuvimos allí sentados riéndonos, haciendo el tonto y hablando.
-Hace frío ¿no?
-Un poco sí, toma.
Fui rápido, conociendo a los
demás todos le cederían su sudadera en cero coma, no es que tuviésemos calor
pero, caballeros ante todo.
-Gracias Álv.
Creo que en ese momento me
derretí, su sonrisa era realmente algo extraordinario.
Estuvimos sentados en la terraza
hasta que a Marcos recibió un mensaje de su madre diciéndole que iban a salir a
cenar.
Empezamos a caminar muy
despacio, me sorprendí al ver que Jùlia seguía en nuestra dirección. Después de
menos de cinco minutos caminando habló.
-Bueno chicos, yo me quedo
aquí. Cuando llegué a casa me acerqué a la galería y me pareció que erais
vosotros los que jugabais, la curiosidad me mató y baje a ver.
-ERES NUESTRO
EPICENTROOOOOOO! –Gritamos los tres a la vez y ella debió pensar que nos habíamos
vuelto locos.
-¿Soy vuestro qué?
Gorka empezó a explicárselo.
-Siempre quedamos en esta
plaza, porque cada uno vive por una de esas cuatro calles. Está a siete minutos
exactos de la casa de cada uno. Es nuestro centro.
-Aquí empieza todo.- Marcos no
sabía la razón que tenía cuando dijo eso, ahí empezaba todo.
-Eres el centro. –Alex lo añadió
con tono dramático.
-Ahora tú formas parte del
centro.
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